‘Diana y Acteón’ de Tiziano se expone en Liverpool

‘Diana y Acteón’, una de las más pinturas más importantes que se conservan de Tiziano, se expone estos días en la Galería Walker de Liverpool, primera etapa de una gira que la llevará por todo el Reino Unido. ‘Diana y Acteón’ fue adquirida por el Estado británico tras una campaña de recaudación que permitió conseguir los 55 millones de euros que pedía su anterior propietario, un noble venido a menos que amenazaba con venderla fuera del país.

Ocurrió en 2009, y el duque de Sutherland se convirtió en la ‘Bestia Negra’ para un país que se movilizó como un solo hombre cuando hizo falta recaudar tal cantidad de dinero. Decenas de empresas y miles de ciudadanos anónimos contribuyeron con sus respectivas donaciones para rescatar una obra maestra del Renacimiento italiano que, según el aristócrata, le habría reportado el triple de esos 55 millones si hubiera vendido el cuadro en pública subasta.

De hecho, la venta fue doble, porque el duque liquidó también otra obra de Tiziano inseparable de la primera: ‘Diana y Calixto’, por la que recibió 55 millones más. Los dos cuadros se encontraban en su castillo de Edimburgo desde la Segunda Guerra Mundial, cuando fueron trasladadas desde Londres para salvarlas de los bombardeos de la aviación alemana.

Ahora los dos cuadros pertenecen conjuntamente a la Galería Nacional de Escocia y la Galería Nacional de Londres, que los exhibirán alternativamente, aunque el primero de ellos se ha enrolado en una gira por otras ciudades del país para que los ciudadanos que contribuyeron tan decisivamente a su adquisición puedan contemplarlo de cerca.

‘Diana y Acteón’, que podrá contemplarse también en Norwich y Cardiff, representa la escena en la que el hijo de Aristeo y Autónoe sufrió la ira de Artemisa (Diana, para la mitología romana) cuando la encontró bañándose junto con un grupo de ninfas. La versión de Tiziano es una de las pinturas más famosas y admiradas de la Historia del Arte europeo, y autores tan importantes como Rubens o Velázquez se dejaron influir por ella.

Según la mayoría de los expertos, el precio pagado por ella es una “auténtica ganga”, como publicó entonces el diario Times, aunque la operación de compra encontró también una fuerte oposición en algunos medios, en un momento de seria crisis económica. Un diputado laborista llegó a calificar de “obscena” la cantidad de 25 millones desembolsada por el Estado para redondear la cifra total que hacía falta para comprarla.

Los 110 millones desembolsados finalmente por ‘Diana y Acteón’ y ‘Diana y Calixto’ tuvieron una utilidad suplementaria para el patrimonio cultural británico, ya que el duque de Sutherland amenazaba con retirar otras 27 pinturas de Rafael, Rembrandt y Poussin, entre otros grandes maestros, que tiene depositadas en la National Gallery. Su precio total no bajaría de los 1.600 millones de euros en estos momentos, pero el duque no necesita venderlas por ahora, gracias a la inyección recibida en su maltrecha cuenta bancaria tras la venta de los dos Tizianos.

‘Diana y Acteón’, que permanecerá hasta el 26 febrero en la Galería Walker de Liverpool, se expondrá también en el Museo del Castillo de Norwich desde el 3 marzo hasta 15 abril; y en el Museo Nacional de Cardiff entre el 19 de abril y el 19 de junio.

Munch dudoso se expone en el Museo Leopold de Viena

Un Munch dudoso se expone en el Museo Leopold de Viena    (The Art Newspaper, 19/12/2011)

Gerd Woll, autor del catálogo razonado de Edvard Munch, ha expresado “serias dudas” sobre la autoría de un cuadro atribuido al maestro noruego por el Museo Leopold. Se trata de una obra prestada por un coleccionista particular.

La pintura en cuestión se titula ‘Dos niños en la playa’ y, según su actual propietario, Hakon Mehren, se la vendió Rolf Stenersen, fundador del museo que lleva su nombre, y autor de una biografía del pintor. Así lo explica a preguntas de Clemens Bomsdorf, que publica un documentado reportaje en The Art Newspaper.

Pero el mayor experto del mundo en la obra de Munch no está tan convencido sobre la autoría de ‘Dos niños en la playa’. Gerd Woll, que fue conservador jefe del Museo Munch de Oslo, se ha negado a incluir la obra en su catálogo razonado, puesto que “no existe documentación” de la misma, “ni se conoce su procedencia, ni se sabe en qué exposiciones participó”.

Hakon Mehren admite que la documentación de procedencia de la pintura es deficiente, pero cita un informe técnico del Instituto Doerner de Munich, encargado de la conservación de las colecciones de pintura del Estado de Baviera. Pero el director de dicho instituto se negó a comentar el asunto con The Art Newspaper.

Hakon Mehren, que ha prestado el cuadro al Museo Leopold por un periodo no concretado, no oculta que podría estar interesado en vender la obra para “crear una fundación artística” con el dinero que pudiera obtener por él. Durante los últimos cuatro años han salido al mercado varias obras de Edvard Munch, alguna de los cuales llegó a superar los 25 millones de euros.

Un Velázquez dudoso, vendido en Londres por 3,1 millones

Un Velázquez dudoso, vendido en Londres por 3,1 millones
(08/12/2011)

Un retrato que ni siquiera tiene nombre, y que iba a venderse por 300 euros en un lote de pinturas antiguas, alcanzó un precio de 3,1 millones de euros en una subasta celebrada en la casa Bonhams de Londres. Según los técnicos de la subastadora, se trata de una “pieza única” de Diego Velázquez que habría sido pintada entre 1631 y 1634. Su nuevo propietario es Alfred Bader, un galerista de Milwaukee (Estados Unidos), que presume de comercializar “obras de calidad museística al alcance de miles de personas”.

El supuesto Velázquez representa a un caballero español del siglo XVII, y se había atribuido a Matthew Shepperson, un pintor británico que nació cuando el maestro español llevaba muerto 125 años. Según la casa Bonhams, uno de sus técnicos sospechó que podría tratarse de una pieza mucho más valiosa de lo que inicialmente se creía, por lo que consultaron a un profesor del Trinity College de Dublín. Fue él quien obró el milagro al asegurar que, efectivamente, era un Velázquez.

El autor del informe es Peter Cherry, “una de las principales autoridades mundiales sobre Velázquez”, según la casa de subastas. Cherry reconoce el riesgo que supone la atribución de un cuadro que no se ha limpiado, y que no pudo examinarlo a fondo en el laboratorio, pero está seguro de que su dictamen tiene “cierto fundamento”.

La casa Bonhams dice haber consultado también a especialistas del Museo del Prado, pero la principal pinacoteca de España guarda silencio. Otros expertos en Velázquez, como el profesor Jonathan Brown, han dudado públicamente de tal atribución. Brown es catedrático de Arte español en el Institute of Fine Arts de Nueva York, y se le conoce en el mundo del Arte con el sobrenombre de ‘El señor que siempre dice no’, en referencia a las muchas atribuciones a Velázquez que lleva rechazadas.

Tampoco el mercado parece refrendar la creencia de que el retrato vendido en Bonhams sea realmente un Velázquez. La ‘Santa Rufina’, última obra del maestro sevillano que se puso a la venta alcanzó en 2007 los 12 millones de euros. Una sucesión vertiginosa de pujas llevó su precio hasta las nubes en la sede londinense de Sotheby’s. La pieza ofrecida en 2011 por Bonhams sólo atrajo el interés de dos personas: el galerista estadounidense que se la adjudicó, y un misterioso pujador que intervenía por teléfono.

El adjudicatario del retrato no perdió el tiempo y, nada más sonar el martillo se dirigió a los periodistas presentes en la sala para asegurar que habría pagado por él “muchísimo más del doble”. “Es muy, muy barato”, explicó Otto Naumann, un marchante neoyorquino que representaba a Alfred Bader, el galerista de Milwaukee que se ha hecho con su propiedad.

El señor Bader regenta Alfred Bader Fine Arts, una galería que se define como “nada elitista”. Nacido en Austria, emigró a América huyendo del terror nazi. Fundó su galería en 1962, y se define como un “coleccionista empedernido”. Vende pintura europea de los siglos XV al XX, y no comercializa Arte abstracto porque dice que no lo entiende. Cuando se le pide más información sobre él mismo y su galería, aconseja leer su autobiografía.

LOS COMISARIOS

Los comisarios de exposiciones se reivindican en tiempos de crisis    (El País, 18/11/2011)

Una exposición no puede ser una acumulación de obras, sin ton ni son. Hay que contar una historia, una idea, y quien la cuenta es el comisario, profesional que no es exactamente un crítico, ni un historiador del Arte.

Lo cuenta Isabel Lafont, tras conversar con algunos de ellos en un encuentro organizado en Madrid: la importancia del comisario de exposiciones es tal que “puede, en algunos casos, determinar el éxito o el fracaso de una muestra”.

Su figura empezó a definirse en los años 60, siendo la primera década del siglo XXI la que aportó la especial relevancia que tiene ahora la profesión en España, gracias a la apertura de infinidad de centros de Arte. El Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León, Laboral de Gijón, Conservera de Murcia, CaixaForum, Matadero… Docenas de espacios que históricamente se dedicaban a la producción industrial pasaron a depender de instituciones que los restauraron para ponerlo al servicio de la cultura. Eran tiempos de bonanza económica , y eso trajo consigo una proliferación de comisarios que debían encargarse de llenarlos de contenido.

Ahora esa efervescencia parece que se ha desvanecido a causa de la crisis económica. Muchos lamentan que, quizá también en el Arte, hubo una burbuja. “En los últimos años se ha dado demasiada información sin tiempo para digerirla. Ha habido mucho, trabajo, sí, pero ha sido demasiado intenso y el Arte necesita tiempo para ser procesado. Se ha ofrecido mucha cultura, pero sin educación, y por eso lo que ha quedado no ha sido más que un barniz”, señala Marisa Oropesa, que acaba de inaugurar la primera antológica del italiano Marino Marini en el espacio Conde Duque de Madrid.

Iván López Munuera define su trabajo como un esfuerzo para “desarrollar un marco crítico en el que se dé cabida a los distintos contextos sociales, políticos y económicos, es decir, crear un campo de actuación en el que las obras no estén desconectadas de lo que está sucediendo”. Y Manuel Borja-Villel, director del Museo Reina Sofía, cree que la función del comisario es consecuencia de la pérdida de relevancia de los críticos e historiadores del Arte en el circuito comercial y en el institucional. “En los años 40 o 50, tener una mala crítica de una personalidad como Clement Greenberg, por ejemplo, era el final. Hoy día, la enemistad con su equivalente en el mundo académico tiene pocas repercusiones. A partir de los años 60, el arte deja de ser marginal, surge el mercado, y el coleccionista y el galerista emprenden un camino paralelo al de la crítica”.

“A mí no me interesa un comisario que no trabaje con artistas”, dice Virginia Torrente, cuya misión no es sentar doctrina. “Subjetividad hay en todos los proyectos. Hay comisarios que plantean una revisión histórica y hay otros proyectos más livianos. En todo caso, yo me alejo del academicismo porque me gusta ponerme en el lugar del público. No es que me interese exactamente la didáctica de las exposiciones, pero me gusta pensar en la gente que las va a ver”.

Javier Duero, director del proyecto MapearMadrid del CA2M, define al comisario como “un pensador, un investigador, un educador, un productor, un mediador”. “Es una interfaz”, dice, “entre la institución pública, el sistema de Arte y la sociedad”.

 

La plata más codiciada. Bandejas del XVIII

Bandejas del XVIII, la plata más codiciada

PILAR NIEVA SOTO
66 SUBASTAS SIGLO XXI • NOVIEMBRE 2007.
 
 

Las bandejas del siglo XVIII son las piezas de plata más vendidas en nuestro país en los últimos años.Las podemos encontrar en tiendas de anticuarios, en ferias de antigüedades y en las casas de subastas. De indiscutible valor decorativo, su precio oscila entre los 1.500 y los 2.000 euros, aunque en ocasiones superan ampliamente estas cifras. La mayor parte de las bandejas ochocentistas de plata subastadas en los últimos años han sido cordobesas, seguidas en menor número por las salmantinas y, en un porcentaje bastante inferior, por las de Madrid, Toledo o Barcelona. Eso sí, conviene estar muy atento a las imitaciones realizadas en el siglo XX y a las falsificaciones, que no sólo afectan a las piezas sino también a las marcas.

 

 

Todo aficionado al mercado del arte sabe que en España no abunda la plata antigua ni en los anticuarios, ni en las ferias de antigüedades, ni tampoco en las subastas. Entre las posibles causas que explican este hecho tan evidente está el que no se han conservado muchas piezas domésticas (ya que las

religiosas en principio continúan mayoritariamente en los lugares para los que se destinaron), bien porque se destruyeron en guerras, o por haberse fundido debido a cambios de gusto y moda y también para aprovechar su materia prima de indudable valor económico, a diferencia de lo que ocurre con obras de arte realizadas en materiales menos costosos, como cerámica

o madera.Por eso, cuando aparece en el mercado alguna pieza de plata profana (siempre más cotizada que la religiosa) el precio se eleva, sobre todo si está bien conservada y lleva marcas que permiten clasificarla exactamente o con mucha aproximación.

SUBASTAS Siglo XXI ha abordado ya en números anteriores otras piezas de platería, como soperas, salseras o benditeras, por lo que en esta ocasión nos vamos a centrar en las bandejas del siglo XVIII, las piezas domésticas que actualmente circulan en mayor número en el mercado del arte.

Una producción abundante

Es evidente que si se han conservado tantos ejemplares es porque la producción de bandejas durante esa centuria fue abundante. Cada platería tuvo características propias en cuanto a la forma y la ornamentación. En general predominó la ovalada y el borde de contornos, pero en Córdoba hubo más variedad y se hicieron también circulares y poligonales, mientras que en Salamanca lo habitual fue hacerlas circulares y con borde dentado. 

Los motivos predominantes fueron bélicos,vegetales y animales, pero las salmantinas se hicieron mayoritariamente con escenas bucólicas, elegantes damas y paisajes. Las marcas que normalmente presentan las piezas de plata españolas a partir del siglo XVIII, ayudan a saber el lugar donde se hicieron y en muchas ocasiones también el nombre del platero y la fecha de realización. Por eso sabemos que más de la mitad de las bandejas ochocentistas subastadas en los últimos años han sido cordobesas, seguidas en menor número por las salmantinas, y en un porcentaje bastante inferior por las de lugares como Madrid,Toledo o Barcelona.  

Aunque los precios de mercado oscilan entre 1.500 y 2.000 euros, en  0ctubre de 2004 llegaron a pagar en Segre 3.200 €por una bandeja cordobesa de 1778 realizada por Antonio Ruiz y 3.000 € por otra madrileña de José Salazar fechada entre 1742/54. Es en las casas de subastas donde tienen lugar la mayor parte de las ventas de bandejas y suele ocurrir con cierta frecuencia que una pieza pase de una sala a otra si no se vende y, aunque la tendencia general es ir bajando el precio de salida para facilitar la adquisición, a veces ocurre que acaban vendiéndose años después en precios superiores a los que se ofrecían inicialmente.

Eso es lo que sucedió el pasado mes de junio en Alcalá, donde se vendieron muy por encima de su precio de salida tres bandejas que estaban dando vueltas por el mercado del arte sin éxito: una toledana realizada por Cordero hacia 1688-1710 subió de 1.400 a 2.250 € (no había encontrado

comprador cinco meses antes por 2.100 €en Ansorena ni por 2.000 €en Segre, en marzo de 2005). Otra supuestamente granadina con marca personal de Valdivia (1737) pasó de 1.200 a 2.000 €.Y una tercera de Barcelona (ff. sg. XVII-pp. sg.XVIII) abrió las pujas en 1.400 y las cerró

en 2.500 € (cuando seis meses atrás nadie había apagado por ella 1.700 €en otra sala). Las fluctuaciones al alza o a la baja en los precios de salida resultan a menudo inexplicables para los especialistas, cuando se trata de piezas similares en forma,peso, estado de conservación o marcaje. Obviamente, la diferencia de precios es aún mayor en los remates, donde intervienen factores tan aleatorios como el gusto particular del comprador, la época del año, el prestigio de la sala o la coincidencia en el día de varias subastas, por ejemplo.

 Consejos para una buena compra

 Para evitar el fraude a la hora de comprar una bandeja hay que tener  especialmente en cuenta dos asuntos: las imitaciones de obras antiguas realizadas en el siglo XX y la falsificación de las marcas. Con un poco

de experiencia, las imitaciones no son difíciles de detectar, ya que las bandejas modernas se hacen con máquinas -presentando un dibujo más

perfecto y regular que el realizado a mano por un artífice- y además carecen de la pátina que proporcionan los años de uso. El primer paso a la hora de elegir una bandeja española del siglo XVIII en plata es fijarse en cómo está hecha, para lo cual resulta muy útil mirar el reverso: debe presentar los huecos propios de la técnica usada entonces, conocida como relevado o repujado, y que consiste en trabajar el adorno mediante golpes de martillo desde el interior para producir relieve hacia el exterior. Otro detalle a observar es la forma del dibujo y también el color, puesto que lo normal es que el interior esté negruzco.

Más grave y difícil de detectar es la falsificación de las marcas, por la  enorme variedad de ellas que existe y la sofisticación de los métodos

para falsear. La intención es revalorizar la pieza, haciéndola pasar por obra de plateros famosos, como los cordobeses Damián de Castro,Antonio de Santa Cruz o Antonio Ruiz, por ejemplo. Aquí es imprescindible la consulta a un especialista experimentado.

Fuente Revista Subastas Siglo XXI

CERAMICA: BENDITERAS

reportaje: BENDITERAS: UN COLECCIONISMO POR DESCUBRIR publicado en la revista Subastas siglo XXI . Mayo 2006. Autor: Raquel Siguenza

Cerámica de Manises, Talavera y Alcora En la actualidad, las más habituales en el mercado son las cerámicas. José María Corzo Santamaría, tasador especialista en cerámica, comenta que las piezas más asequibles son las aragonesas, las de Puente del Arzobispo y las maniseras de finales del XIX, mientras que, entre las mejores, estarían las de Talavera del siglo XVIII, que imitan modelos barrocos italianos.

En el otro extremo, las benditeras que podemos considerar como piezas extraordinarias y que pueden llegar a alcanzar precios desorbitados son las de Alcora de la primera y segunda época (1727-42 y 1749-98, respectivamente) firmadas por Rocafort o Soliva, entre otros. “En la última edición de Feriarte -recuerda Corzo  Santamaría- pedían 30.000 euros por una de ellas, y estaba restaurada.

Y luego están las de porcelana del Buen Retiro, como las que se conservan en el Museo Arqueológico Nacional, con placas pintadas por los artistas italianos traídos por Carlos III, que tendrían un valor incalculable. Son piezas que valen lo que uno esté dispuesto a pagar por ellas.De todos modos -prosigue este especialista- se valora más la calidad de la decoración pictórica que la rareza de la pila y hay tener presente que el buen estado de conservación es primordial. Las buenas piezas son escasas y hay muchos coleccionistas que acaban comprando también las rotas”. 

En este sentido cabe destacar la venta en Alcalá Subastas, el pasado mes de octubre, de una benditera en cerámica de Manises de reflejo dorado fechada hacia 1600 que, aún faltándole el pocillo, se remató por 900 euros, su precio de salida.Además, existe otro tipo muy buscado de pila manisera del siglo XIX: las benditeras de retablo, llamadas así porque simulan la estructura arquitectónica de un retablo. El pasado marzo, un bonito ejemplar de este tipo, con alguna restauración, se adjudicó en Fernando Durán por 500 euros.

La iconografía que plasman los ejemplares de cerámica y porcelana es bastante variada. En la porcelana del siglo XIX predominan el Ángel de la Guarda, el Sagrado Corazón, diferentes Vírgenes o la imagen de Cristo, mientras que en las de cerámica de todas las épocas podemos ver motivos heráldicos, santos, escudos monásticos o incluso la escena de Pentecostés.“ En el caso de los temas heráldicos -comenta Corzo Santamaría- cabe resaltar que responden a algún encargo, no son creaciones en serie que después los buhoneros vendían de pueblo en pueblo, por lo que suelen tener una mayor calidad”.

Entre las piezas de porcelana, resultan bastante habituales las decimonónicas de manufactura francesa o alemana, así como las de biscuit con angelotes, la pila en forma de venera, realces dorados y algúntoque de color. Los precios de estas últimas oscilan, aproximadamente, entre los 100 y los 200 euros.

Fuente: Revista Subastassiglo XXI

Relojes misteriosos

Relojes misteriosos. Un coleccionismo curioso y rentable.

 La fascinación del hombre por medir el tiempo y por presentarlo en ingenios cada vez más especiales llevó a los grandes maestros relojeros franceses a popularizar a partir el siglo XIX un tipo de reloj conocido como misterioso. Se trataba de piezas únicas cuyo funcionamiento no era fácilmente explicable ya que no se apreciaban los mecanismos ni conexiones. Firmas como las de Robert-Houdin, Guilmet, Graff, Gubelin o Cartier, con sus espectaculares modelos Art Déco, son actualmente los más buscados por los coleccionistas. Sus precios se multiplican según la complejidad y pueden superar los 50.000 euros, pero siempre fuera de nuestras fronteras. Relojes casi mágicos que, a pesar de las posibilidades que hoy ofrece la era digital, todavía sorprenden y atraen.

Un reloj misterioso atribuido a Jean Eugène Robert-Houdin, París, c. 1865. Raras y misteriosa esfera del reloj especial con doble cristal

Tome nota para no confundirse

• Los relojes misteriosos son unos de los relojes de sobremesa más singulares y buscados. No resultan habituales en el mercado español, rara vez encontramos ejemplares a la venta, pero fuera de nuestras fronteras cuentan con mucha aceptación, dada su originalidad y curiosidad. Sus precios son muy variados, parten desde los 1.000 euros.

• Las piezas francesas de finales del XIX y principios del XX son las de mejor calidad y las que despiertan mayor interés.

• En Estados Unidos y en el resto de Europa se produjeron relojes de este tipo en series mayores y de menor calidad que los franceses.

• Busque siempre ejemplares firmados o etiquetados, con mecanismos numerados y que preferiblemente conserven estuches o certificados originales. Los que salieron de los talleres de Cartier, Graff o Gubelin son algunos de los más buscados.

• En este tipo de piezas se valora mucho su funcionamiento. Cuanto más complicado sea el sistema de acción, mayor precio alcanzará en el mercado. La rareza y la calidad son características fundamentales a la hora de elegir.

• Compruebe que el mecanismo es original, que no haya sido reemplazado con posterioridad y que se encuentre en estado de marcha.

• No confunda los relojes que incluyen autómatas o figuras con los relojes misteriosos. Éstos constituyen otro apartado dentro de los relojes de sobremesa con entidad propia.

• Los de época Art Déco son, sin duda, los más cotizados. La mezcla de materiales preciosos como jade, coral, cristal de roca o diamantes junto con una maquinaria de calidad hace que sus precios sean los más importantes, superando incluso los 100.000 euros, según el modelo.

• Valore con la ayuda de profesionales los posibles problemas de funcionamiento, ya que en estas piezas la restauración no resulta una tarea fácil.

• Visite museos y conozca colecciones públicas. El Museo Cerralbo en Madrid, por ejemplo, reúne una significativa colección de relojes misteriosos que es recomendable conocer.

Fuente: Revista Subastassiglo XXI. Octubre 2011. Autor BLANCA RAMOS JARQUE